jueves, 20 de septiembre de 2007

La Nueva Justicia


El pasado 5 de Septiembre, por razones académicas, visité por primera vez el imponente edificio del Centro de Justicia de Santiago. Construcción en la que se invirtieron más de 43 mil millones de pesos y donde, en sus más de 85 mil metros cuadrados, se distribuyen las dependencias del Ministerio Público, la Defensoría Penal, los Juzgados de Garantía y los Tribunales Orales.

Cerca de las 8 de la mañana y con el sol despuntando, este “elefante” de cemento y vidrio luce imponente. La luz se refleja brillante en las ventanas, mientras el calor del ambiente no puede luchar contra la sombra de las grises paredes, bajo las cuales transitan funcionarios del poder judicial y de la policía.

A las 10 de la mañana comienzan las audiencias, correspondientes a los juicios orales que se realizan en el ala norte de la construcción. En el tercer piso existen 4 salas. En la del constado izquierdo se dictará sentencia por el caso de las hermanas Bastías, procesadas por el secuestro del niño de once años Ignacio Morales. En el extremo opuesto se encuentra en pleno proceso el caso de Lorena Neira, mujer que en marzo del 2006 atropellara a 4 personas tras perder el control de su vehículo, dejando dos victimas fatales.

Sentada en la última fila de la sala, donde se acusa a Lorena Neira, veo por primera vez fotos correspondientes a una autopsia, mientras escucho consternada las conclusiones de los peritos. Las imágenes corresponden el cuerpo, o lo que queda, de Juan Vázquez, hombre de 73 años fallecido en el accidente. La otra víctima es una niña de 10 meses de edad, cuya madre no ha presentado cargos por falta de recursos.

A la derecha de la sala se encuentra Lorena Neira, una mujer joven a quien me tope en la escalera mientras caminaba hacia la sala. A pesar de las terribles consecuencias de lo ocurrido, su persona me causa tristeza, ya que todo parece indicar que Lorena ha sufrido desde pequeña graves problemas emocionales, que le llevaron al consumo de psicotrópicos al momento del accidente.

Tres mujeres se encuentran sentadas de frente al público, la defensa, los querellantes y el Ministerio Público. Son las Magistradas a cargo del caso, encargadas de dictar la sentencia contra la imputada.

En medio de la audiencia fijo mi atención en las juezas, debido a la juventud de dos de ellas. Las continúo observando por un tiempo y me doy cuenta de que ambas mantienen un cuchicheo constante. La Primera Magistrada se cubre la boca y se inclina hacia se izquierda para susurrar al oído de su colega. Esta responde y ambas sonríen, retornando a su rictus habitual cuando vuelven la mirada hacia el frente.

La curiosa actitud de las juezas llama la atención del grupo de personas que me acompaña, generando molestia e incomodidad, teniendo en cuenta las características del caso que todos presenciábamos.

En medio de un receso, una de mis compañeras se acerca al estrado y pide hablar con la Magistrada en cuestión para reprocharle su extraña actitud. Sin embargo, esto es imposible, según explica un anciano funcionario, quien ante el comentario de lo ocurrido responde: “es que algunas veces la gente dice tantas tonteras que es inevitable reírse”.

lunes, 27 de agosto de 2007

POR EL CUIDADO DE NUESTROS BARRIOS

Resulta paradójico que en menos de dos año, una de las comunas mejor evaluadas en términos de habitabilidad, se encuentre en medio de una revuelta vecinal. En enero del año 2005, un estudio elaborado por la Secretaría Regional Ministerial Metropolitana de Planificación, calificó a Ñuñoa como la comuna capitalina con el mejor índice de calidad de vida, ubicándola por sobre sectores como Vitacura, La Reina y Providencia. Frente a este tipo de señales, es llamativa la fuerte organización vecinal, gestada a partir del descontento que han generado los cambios estructurales de la comuna.

Los vecinos, observan con preocupación el boom inmobiliario, que en los últimos años ha cambiado el rostro de su barrio. Denuncian que esta “masacre urbana” atenta contra el espíritu de la comuna, aumentando duramente la densidad de población. Apuntan como culpable al actual plan regulador de Ñuñoa, que permite la construcción de edificios de altura libre; por lo que dirigen sus dardos a la Municipalidad.


Claramente los cambios que afectan a comunas tradicionales como Ñuñoa, son consecuencia de la creciente concentración de población que afecta a Santiago. Este fenómeno ha generado una fuerte demanda de infraestructura habitacional, ante lo cual empresas y municipios han respondido elevando las construcciones. El cambio arquitectónico y el aumento de densidad, han terminado por cambiar la identidad de las comunas afectadas, lo que consecuentemente produce un quiebre con los habitantes tradicionales del sector.

Debemos acostúmbranos entonces al surgimiento de organizaciones vecinales en pro de la protección de sus barrios, en sectores consolidados de la capital. Recordemos que anterior a la Red Ciudadana por Ñuñoa, los vecinos del barrio Las Lilas en Providencia, levantaron sus voces por problemas similares. Estamos por tanto, ante el renacimiento de aquel sentimiento desaparecido del inconsciente colectivo Santiaguino. Hoy resurge el cariño por la esencia de los barrios, por eso que los hace únicos, sin la necesidad que sean patrimoniales.

Sin embargo, el auge de la contruccion, aparentemente favorable para las empresas constructoras, puede resultar contraproducente; ya que ellas mismas transforman las particularidades que hacen llamativa su oferta. Pretenden vender tranquilidad y vida de barrio, al mismo tiempo que contribuyen a mermar estas cualidades. Transforman las comunas creando barrios distintos, con lo que se destruye aquello que origina la demanda inmobiliaria. Frente a esto, es inminente que cualquier barrio que sea blanco del mercado habitacional proliferante, estará en riesgo de transformarse y perded su identidad.

Frente al panorama actual, de vecinos organizados y transformaciones sin control. No cabe la pregunta sobre ¿Quién es el responsable? Encontar nombres seria una búsqueda sin término, donde municipios, ministerios e inmobiliarias eludirían las acusaciones, mientras la metamorfosis continúa. Es necesario entonces buscar acuerdos. Modificar las regulaciones, con tal de prever las consecuencias negativas, considerando todos los intereses sociales. En especial, aquel que protege aquello que hace únicos los rincones de una capital que avanza, sin cuidado de resguardar su personalidad.